Por Edinson Lares Rojas
Muy pocas personas saben que al frente del pedestal municipal llamado “reloj de sol” construido entre 1608 al 1614, por el recordado gobernador de la Isla de Margarita: Don Vargas Machuca; corre hacia el Oeste la Av. Boulevard “5 de Julio”, en la otrora ciudad capital de La Asunción; la cual, adujo en investigaciones el Prof. Jesús Manuel Subero, hoy fallecido, fue fundada por el Capitán Villangrando, un día 26 de marzo del año de 1526.
Cierto es, que para el mes de agosto de 1561, con mucha historia sucedida, contada, quemada y recogida, la ciudad de La Asunción, con la celebración popular del día 15 de agosto dedicado a la ascensión a los cielos de la virgen madre María, en la advocación de Nuestra Señora de La Asunción, venerada Patrona de Margarita; historiadores concluyen “que el poblado actual fue re-fundado, por ese mismo mes que la invadió el temido “Lope Aguirre” desolando sus pequeñas casas de barro y aniquilando con profusa barbarie a los pobladores, hoy nadie da cuenta si es verdad o no, la fecha de fundación de la ciudad de La Asunción.
El siempre afable y recordado profesor José Manuel Subero, recordó que en está tierra de “El Valle de Santa Lucia del Espíritu Santo de La Margarita”, sus estudios en Cádiz, España, revelaban como hecho cierto, que si el “Pueblo de La Mar”, hoy Porlamar del Estado Nueva Esparta, su fundación se había efectuado para el día 26 de marzo del año 1536; diez (10) años antes, el mismo conquistador capitán español, se había paseado por el valle hermoso, ocupado por los autóctonos Atamo, Cocheima y Coupei; y siete (7) colinas incólumes, que son fieles murallas en la grandeza natural que la rodea.
El agua y sus fuentes naturales fueron factor determinante, si nos aproximamos a los hechos geográficos los que asegura la permanencia de autóctonos y, recién llegados colonizadores, para el aprovechamiento de un río como esa quebrada que baja por el sector El Copei, nombrada “Río La Asunción”, actualmente; fue la clave para su fundación.
Hay muchas razones validas para creer que eso fue así, y tal vez una de ellas, no deje de ser la más contundente por la carencia y descuido que hoy se sufre con el agua en la región insular, liquido mal administrado por todos los pobladores y con un pésimo servicio empresarial; en el cual se tiene poca probabilidad de integrar a un racional uso por el crecimiento demográfico del turismo Insular.
De hecho transcurrieron treinta y cinco (35) años, entre 1526 y 1561, que fueron años de leyendas, hoy referidos por la perdida de memoria documental y colectiva entre los lugareños, cuándo las etnias desaparecieron tras-culturizadas por la religión, el poder regente de la Corona Española y, un Tirano, que se consolidó en el peor verdugo de está ciudad en una época.
Pero, no en vano se debe creer está cerrada la búsqueda de la verdad, por quienes forman las nuevas generaciones, que abran espacio a la disertación sobre el tema, ello para hacer posible revisar, en Cádiz, Puerto Rico o República Dominicana; esos documentos escritos por curas, bucaneros, administradores; y porque no, hasta los mismos “hijos del diablo” que -como espantos- dejaron sin una clara luz el nacimiento de la “ciudad del silencio”.